PurplePrice Mag · · 3 min de lectura
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El funcionalismo es el principio según el cual la forma de un edificio o de un objeto debe nacer de su función, es decir, del uso al que está destinado, de los materiales y del modo en que se produce, y no de decoraciones o estilos del pasado. Más que un movimiento con un manifiesto y una fecha de nacimiento, es una idea que atraviesa todo el siglo XX y que está en la base del Movimiento Moderno y de gran parte del diseño industrial.
«La forma sigue a la función»
La frase más famosa del funcionalismo, «form follows function» (la forma sigue a la función), la escribe el arquitecto estadounidense Louis Sullivan en 1896, en el artículo The Tall Office Building Artistically Considered, dedicado a los primeros rascacielos de Chicago. El propio Sullivan reconocía raíces antiguas a esta idea, hasta Vitruvio. En Europa el ataque más violento a la decoración llega del vienés Adolf Loos, que en la conferencia Ornamento y delito (pronunciada en 1910 y publicada en 1913) sostiene que el ornamento es un derroche de trabajo y de material, indigno del hombre moderno: una polémica dirigida también contra la Secesión vienesa.
Las máquinas de habitar
Entre las dos guerras el funcionalismo se convierte en el programa de arquitectos y diseñadores de vanguardia. El Deutscher Werkbund y la Staatliches Bauhaus enseñan a diseñar objetos sencillos, adecuados para la producción industrial y la estandarización. En 1923 Le Corbusier, en el libro Hacia una arquitectura, define la casa como «una máquina de habitar». El ejemplo más concreto es la cocina de Fráncfort, diseñada en 1926 por Margarete Schütte-Lihotzky para las viviendas sociales de Ernst May: una cocina compacta, estudiada en cada detalle para reducir los movimientos y el cansancio, instalada en unos diez mil pisos. Es la antepasada de la cocina modular moderna.
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El funcionalismo de posguerra
Tras la Segunda Guerra Mundial el funcionalismo se convierte en el lenguaje del «buen diseño» internacional, del Estilo Internacional a las exposiciones del MoMA. En Alemania la escuela de Ulm y la empresa Braun le dan su versión más rigurosa: desde 1955 el diseñador Dieter Rams diseña para Braun radios, tocadiscos y maquinillas de afeitar sencillas y claras, resumidas en su lema «Weniger, aber besser» (menos, pero mejor). En Escandinavia el funcionalismo se vuelve más cálido y doméstico, con la madera y formas suaves.
Críticas y legado
Desde los años sesenta el funcionalismo se pone en duda. La semiótica demuestra que ninguna forma es neutra y que todo objeto comunica también significados culturales. El diseño pop, el diseño radical y el posmodernismo lo acusan de haber producido objetos fríos y todos iguales, y revalorizan la decoración, la ironía e incluso el kitsch. Y sin embargo su lección sigue viva: la búsqueda de lo esencial, la atención al uso y la sinceridad de los materiales siguen siendo hoy la base del buen diseño, de los muebles a los smartphones.
Fuentes
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