PurplePrice Mag · · 4 min de lectura
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Se llama Movimiento Moderno a la gran renovación de la arquitectura y del diseño que se impone en Europa entre las dos guerras mundiales. El nombre lo populariza el historiador Nikolaus Pevsner con su libro Pioneers of the Modern Movement (1936), que reconstruye sus orígenes de William Morris a Walter Gropius. No es un grupo con un manifiesto único, sino un conjunto de arquitectos, escuelas y revistas unidos por unas pocas ideas fuertes. Hay que rechazar los estilos del pasado, la forma debe nacer de la función, y los nuevos materiales y la producción industrial deben ponerse al servicio de todos.
Las raíces
Los antecedentes se encuentran a finales del siglo XIX. En Chicago, Louis Sullivan escribe en 1896 que «la forma sigue siempre a la función». En Viena, Adolf Loos, en su célebre ensayo Ornamento y delito, ataca la decoración como un derroche de trabajo y de material. En Alemania, el Deutscher Werkbund y Peter Behrens demuestran que el arte y la industria pueden trabajar juntos. Las vanguardias hacen el resto: De Stijl en los Países Bajos y el constructivismo en Rusia reducen la forma a líneas, planos y colores primarios.
Los años veinte: Le Corbusier, Gropius, Mies
En 1923 Le Corbusier publica Vers une architecture, donde define la casa como «una máquina de habitar». Unos años después fija sus cinco puntos: pilotis, terraza jardín, planta libre, ventana corrida y fachada libre, que encuentran su forma más acabada en la Villa Savoye (1928-1931). En 1919 Walter Gropius funda en Weimar la Bauhaus, la escuela que lleva estas ideas al diseño de todos los días. Allí Marcel Breuer diseña en 1925 el sillón Wassily de tubo de acero. Ludwig Mies van der Rohe, el arquitecto del «less is more», realiza en 1929 el Pabellón de Barcelona y el sillón que lleva su nombre.
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El momento simbólico es 1927. En Stuttgart el Werkbund construye la colonia Weissenhof: 21 edificios con 60 viviendas, proyectados por 17 arquitectos, todos blancos, con cubiertas planas y grandes ventanas. Al año siguiente, en el castillo suizo de La Sarraz, nacen los CIAM, los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna, que hasta finales de los años cincuenta debaten sobre la vivienda mínima, la ciudad y el urbanismo.
De Europa al mundo
Cada país interpreta el Movimiento Moderno a su manera: en Italia es el racionalismo de Giuseppe Terragni y del Gruppo 7; en Finlandia, la arquitectura más cálida y orgánica de Alvar Aalto, con el sanatorio de Paimio y sus asientos de madera curvada. En 1932 una exposición del MoMA de Nueva York lo presenta a los estadounidenses con el nombre de Estilo internacional. Con la llegada del nazismo y el cierre de la Bauhaus en 1933, muchos de sus protagonistas emigran: Gropius y Breuer enseñan en Harvard, Mies en Chicago. Después de la Segunda Guerra Mundial el lenguaje moderno se convierte en el estilo de los rascacielos de oficinas y de la reconstrucción en todo el mundo.
Crisis y legado
Desde los años sesenta muchos empiezan a criticarlo por frío, repetitivo y alejado de las personas. El crítico Charles Jencks fecha su «muerte» en 1972, cuando se demuele el conjunto de viviendas sociales Pruitt-Igoe en San Luis, y de esa crisis nace el posmodernismo. Sin embargo, gran parte de lo que hoy damos por sentado, como la planta abierta, los grandes ventanales, los muebles en serie y la idea de que un objeto debe ante todo funcionar bien, viene del Movimiento Moderno.
Fuentes
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