PurplePrice Mag · · 3 min de lectura
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El kitsch es una palabra alemana que ha entrado en todos los idiomas para indicar el mal gusto: objetos e imágenes que imitan el arte de forma ingenua, exagerada o sentimental, como los recuerdos de la torre de Pisa, los enanitos de jardín, las bolas de nieve con la Virgen, los cuadros de puestas de sol y gatitos. Para la historia del diseño el kitsch es importante porque durante casi un siglo fue el gran enemigo que había que combatir, antes de convertirse, por sorpresa, en una fuente de inspiración.
Los orígenes de la palabra
El término nace en los mercados de arte de Múnich en las décadas de 1860 y 1870, para designar estampas y cuadritos baratos, fáciles de vender a una burguesía en crecimiento que quería decorar su casa con algo «artístico». Es la época de la producción industrial de masas: por primera vez adornos, figuritas y muebles de estilo antiguo pueden copiarse en serie, con materiales pobres, y venderse a todos. Precisamente contra esta invasión de falsos ornamentos reaccionan los reformadores del movimiento Arts and Crafts.
Qué es el kitsch: los teóricos
En el siglo XX el kitsch se convierte en un tema para filósofos y críticos. El escritor austriaco Hermann Broch sostiene que su esencia es la imitación: el kitsch copia lo bello sin preocuparse por el bien y la verdad. En 1939 el crítico estadounidense Clement Greenberg, en el ensayo Vanguardia y kitsch, lo describe como lo contrario del arte de vanguardia: un producto de la cultura de masas que ofrece emociones fáciles y ya hechas. En Italia, en 1968, Gillo Dorfles publica Il Kitsch. Antologia del cattivo gusto, una recopilación de ejemplos que se ha convertido en un clásico, y el francés Abraham Moles dedica al kitsch un estudio psicológico, traducido al italiano con un ensayo introductorio de Alessandro Mendini. En la novela La insoportable levedad del ser (1984) Milan Kundera da una definición célebre: el kitsch es un ideal estético que excluye todo lo que en la existencia humana es inaceptable, y puede convertirse en un instrumento de los regímenes totalitarios.
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El enemigo del diseño moderno
Para el Movimiento Moderno el kitsch es el pecado por excelencia. En el diseño y la arquitectura se llega a definir como kitsch «cualquier objeto cuya forma no derive de la función»: ornamentos inútiles, materiales falsos, estilos del pasado aplicados a objetos nuevos. El «buen diseño» de escuelas y museos, de la Bauhaus a las exposiciones Good Design, nace también para enseñar al público a librarse de él.
La revancha del mal gusto
Desde los años sesenta las cosas cambian. El diseño pop mira con simpatía la cultura popular, y los diseñadores del diseño radical usan el kitsch como provocación contra el buen gusto burgués. A finales de los setenta el Studio Alchimia y Mendini lo convierten en un verdadero lenguaje proyectual: el sillón Proust (1978) es un falso sillón barroco repintado a pinceladas. Después llegan Memphis, con sus laminados de barra de bar, y el posmodernismo. Desde entonces la frontera entre kitsch y diseño de autor se ha vuelto muy fina, y muchos objetos nacidos como una broma «de mal gusto» están hoy en los museos.
Fuentes
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